Se le considera como uno de los mejores estoqueadores de la historia de la
tauromaquia.
En su infancia se trasladó con su familia a Sádaba (Zaragoza), en donde murió su padre, José Sánchez, y luego, en compañía de su hermano Francisco y su madre, a Madrid, en donde, tras trabajar en el ferrocarril y como colocador papel pintado, se formó como torero, tomando la alternativa el
27 de octubre de
1867 de manos de
Francisco Arjona Herrera Cúchares, con un toro llamado
Señorito. Mantuvo, en lo mejor de su carrera desde
1868 hasta
1889, una famosa rivalidad con
Rafael Molina "Lagartijo" comparable a la que antes mantuvieron
Pedro Romero y
Costillares y después
Joselito y
Belmonte.
Toreó 1236 corridas, matando 3801 toros.
Al retirarse del toreo fijó su residencia en
Torrelodones, en la Finca Monte Gascó donde todavía puede verse una verja con el hierro de su ganadería. Le unía una gran amistad con la
Infanta Isabel "La Chata", quien siempre que pasaba en tren por Torrelodones, ordenaba parar el tren para poder saludarle.
Aquí van sus diez mandamientos del toreo:
Primero: amar a Paquiro sobre todas las coletas.
Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.
Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego.
Cuarto: honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.
Quinto: no matar como Rafael el Gallo.
Sexto: no amolar tanto a los toros ni a las espectadores.
Séptimo: no hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.
Octavo: no decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.
Noveno: no desear la cupletista o super-tanguista de tu prójimo.
Décimo: no codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda.