sábado, 28 de enero de 2012

Los Otros

Mientras desayunamos con la noticia del impuesto revolucionario que los jédiez se han auto-infringido para evitar tránsfugas de esa nueva propiedad conmutativa, en la que el orden de los factores sí altera el producto, lo vende por partes pero tú compras el total ( ¿?), en un solaz remanso de la Tierra Media (esa que tercia entre nuestra Península y esa América maniquea, donde una de dos, o los toros se ven pero no se tocan ni se estoquean, o los indultos como el último de Castella son una barra libre de garrafón del que tiene tres días intoxicado), un reducto de aficionados se reúnen estos días en las Azores el Fórum Mundial de la Cultura Taurina, como esas cumbres del Foro Económico Mundial en Davos, donde se toman decisiones importantísimas para el bien de la Humanidad, pero que al final nunca llegan a reflejarse.

Y en Las Azores, en medio de ese Mordor de taurinos hoy se tratará un tema que, al igual que en otros aspectos de la vida, está cambiando el modo de entender la información y cómo nos llega: “Blog y redes sociales; la fuerza taurina en Internet”.

Allí está el genial Andrés Verdeguer, cual Frodo entre horcos y uruk-hais, que están siendo ahora mismo el emisario y paladín ante el mundo del toro de una nueva estirpe de irreductibles aficionados que sin más finalidad que generar opinión se están convirtiendo en un colectivo cada vez más asentado y en ocasiones temido en estas nueva formas y canales para comunicarse.

Desde la Roma de Julio César, simbólico inicio de la comunicación a la mayoría (el “Acta diurna”, que se publicaba en el Foro ya en el s. I antes de Cristo, es considerado el primer diario como lo conocemos hoy en día) nos hemos podido enterar de los sucesos por dos vías: la información, a la que no todos tenemos acceso de primera mano, y la opinión, que con mayor o menor atino, va intrínseca en la forma de contar las cosas de cada uno. Y cada vez más aficionados se atreven a contar lo que ven sin ningún tipo de cortapisas (sí, con faltas de ortografía y alarmantes carencias en la forma de redacción inclusive) sabiendo que hay alguien como ellos que leerán y comentarán su escrito. Importa ya más las formas que el fondo, lo que se dice que cómo lo escribes. Al final, si uno quiere, lo entiende.

Dos mil años después los canales y transmisores han cambiado. Ahora podemos elegir qué queremos saber y quién queremos que nos lo cuente. Los aficionados ni podemos ni debemos acceder a la información de primera mano, esa de las ruedas de prensa y de los teletipos, pero sí que estamos obligados a salvaguardar una opinión autónoma y arbitraria de lo que es la Fiesta y todo lo que la circunda.

Vaya este pequeño homenaje a todos y a cada uno de los buenos aficionados que con sus certeros conocimientos y su opinión íntegra y cabal tejen las redes sociales, porque no hay duda alguna de que si Bleu, Corrochano, Corinto y Oro, Dulzuras, Peña y Goñi o Díaz-Cañabate viviesen en la actualidad tendrían un blog de toros y firmarían con una arroba delante.

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